Sentir para aprender: La pedagogía emocional.
"El proceso de educación no debe consistir en llenar de datos la cabeza de los empleados, debe enfocarse al desarrollo de la emoción y del alma".
Parece que el gran desafío de la educación actual es el de formar a los empleados de tal manera que construyan o modifiquen el futuro, en lugar de verse obligados a adaptarse a éste. Necesitamos entonces prepararlos para que sean capaces de prever los cambios por venir, fomentando sus habilidades para pensar y paralelamente la habilidad para el manejo de sus emociones.
Debemos saber que si bien es posible educar en la emoción, seguramente no es una tarea fácil y no todo el mundo está preparado para ello. A grandes rasgos podríamos decir que un “itinerario” para educar las emociones sería el siguiente:
Vocabulario de las emociones
En primer lugar enseñar un vocabulario de las emociones, es decir, mostrar al alumno lo que significa tristeza, alegría, miedo, rabia, amor, vergüenza…. En ocasiones nos encontramos personas que experimentan alguna emoción o sensación en su vida diaria a la que no saben poner nombre y por lo tanto no saben identificar, por lo que sin una identificación de la emoción que se está experimentando va a ser imposible plantearse tareas como la de canalizar o cambiar esa emoción.
Reconocer las emociones
En segundo lugar podemos “educar” a la persona a través del reconocimiento de las emociones (tanto negativas como positivas) que se presentan en la vida diaria, tanto en la propia persona como en la de los otros. Esto ayuda a generalizar el conocimiento de las emociones que previamente hemos realizado. Para ello se plantean situaciones, escritas o vividas donde el alumno debe identificar la emoción que experimenta cada personaje, dándose cuenta paralelamente del motivo que origina tal emoción y la manera en que se expresa.
Expresión de las emociones
Una tercera vía de actuación, una vez que el empleado ya conoce las emociones, sería la de enseñarla a que la exprese. Para ello lo podemos hacer a través de la dramatización, donde manera exagerada o teatral el empleado encuentra la forma de expresar y dar salida, no sólo a sus emociones, sino a sus pensamientos e ideas.
Control de las emociones
En cuarto lugar, podemos enseñarle a controlar las emociones. Este aspecto resulta ya tarea más compleja, y se deben utilizar diferentes técnicas de tipo conductual, de relajación. Estos no son más que cuatro ejes básicos que proponemos para educar en la emoción. Una vez consideramos que el empleado tiene ya “conocimientos” en el área de las emociones, podríamos iniciar un trabajo de generalización para irnos al antes y al después de las emociones. Para ello, podemos utilizar por ejemplo la técnica del semáforo de las emociones, donde en primer lugar el empleado debe identificar la emoción (hemos trabajado ya anteriormente para ello), para posteriormente ubicar su procedencia y finalmente observar cómo se responde a ella.
Finalidades de la educación de las emociones
Proponemos también las siguientes finalidades vinculadas a la educación de las emociones: a) El pleno desarrollo de la personalidad y las capacidades afectivas. b) El desarrollo de la capacidad para regular su propio aprendizaje, confianza en sus aptitudes y conocimientos y desarrollo de la creatividad, la iniciativa personal y el espíritu emprendedor. c) La educación en el ejercicio de la tolerancia y de la libertad, dentro de los principios democráticos de convivencia, así como la prevención de conflictos y resolución pacífica de los mismos.
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